viernes, 25 de mayo de 2012

Aves sin nido

[...] La superficie de un lago cristalino donde se retrata la imagen de las gaviotas que no es tan apacible como el sueño con que los narcotizó el Amor batiendo sus nacaradas alas sobre la frente de Lucía y don Fernando. Sus corazones estrechados bajo la atmósfera de un solo aliento, latían también acompasados y felices. 
Mas ese descanso no fue como el eterno sopor de la materia.
El espíritu que no duerme y se agita, luchó con la fuerza del presentimiento, ese aviso misterioso de las almas buenas; sacudiendo el organismo de Lucía la despertó y le inspiró vacilación, temor, duda, todo ese engranaje complicados de sensaciones mixtas que acuden en las noches de insomnio. [...]

Clorinda Matto de Turner: Aves sin nido

Doña Bárbara no es una telenovela

[...] Aquí tiene las llaves de la casa. Ésta, más mohosa, es la de la sala. Puede que ya ni funcione, porque esa pieza no se ha vuelto a abrir. Ahí todo está tal como lo dejó el difunto, que en paz descanse.
Tal como lo dejó el difunto. Desde la hora y punto en que el difunto lo clavó en el bahareque.
Y la rápida asociación de aquellas dos frases de Antonio fue un instante decisivo en la vida se Santos Luzardo.
- Abre la sala.
Antonio obedeció y, después de batallar un rato contra la resistencia de la cerradura oxidada, abrió la puerta, cerrada hacía trece años.
Una fétida bocanada de aire confinado hizo retroceder a Santos; una cosa negra y asquerosa que saltó de las tinieblas, un murciélago, le apagó la luz de un aletazo.
Volvió a encenderla y penetró en la habitación, seguido por Antonio.
En efecto, todo estaba allí como lo dejara don José Luzardo: la mecedora donde murió, la lanza hundida en el muro.
Sin pronunciar una palabra, profundamente conmovido y con la conciencia de que realizaba un acto trascendental, Santos se acercó a la pared y, con un movimiento tan enérgico como el que debió hacer su padre para clavar la lanza homicida, la retiró del bahareque.
Era como sangre la herrumbre que cubría la hoja de acero. La retiró lejos de sí, al tiempo que le decía a Antonio:
- Así como he hecho yo con esto, ha tú con ese rencor que hace poco te oí expresar, que no es tuyo, por lo demás. Un Luzardo te lo impuso como un deber de lealtad; pero otro Luzardo te releva en este momento de esa monstruosa obligación. Ya es bastante con lo que han hecho los odios en esta tierra.
Y cuando Antonio, impresionado por estas palabras, se retiraba en silencio, agregó:
- Dispón lo necesario para que mañana se proceda a la reparación de la casa. Ya no venderé Altamira.
Volvió a meterse en la hamaca, sereno de espíritu, lleno de confianza en sí mismo.
Y entretanto, afuera, los rumores de la llanura arrullándole el sueño, como en los claros días de la infancia: el rasgueo del cuatro en el caney de los peones, los rebuznos de los burros que venían buscando el calor de las humaredas, los mugidos del ganado en los corrales, el croar de los sapos en las charcas de los contornos, la sinfonía persistente de los grillos sabaneros, y aquel silencio hondo, de soledades infinitas, de llano dormido bajo la luna, que era también cosa que se oía más allá que todos aquellos rumores.

Rómulo Gallegos: Doña Bárbara

sábado, 17 de marzo de 2012

Dos joyitas de Sab

Aquél que quiera experimentar en toda su plenitud estas emociones indescriptibles, viaje por los campos de Cuba con la persona querida. Atraviese con ella sus montes gigantescos, sus inmensas sabanas, sus pintorescas praderías: suba en sus empinados cerros, cubiertos de rica e inmarchitable verdura: escuche en la soledad de sus bosques el ruido de sus arroyos y el canto de sus sinsontes. Entonces sentirá aquella vida poderosa, inmensa, que no conocieron jamás los que habitan bajo el nebuloso cielo del norte: entonces habrá gozado en algunas hora toda una existencia de emociones... pero que no intente encontrarlas después en el cielo y tierra de otros países. No serán ya para él ni cielo ni tierra. (Cap. VI)


Un viaje es en la infancia origen del más inquieto placer y de la más exaltada alegría. El movimiento y la variedad son necesidades imperiosas de aquella edad en la que libre todavía el alma de pasiones agitadoras, pero sintiendo el desarrollo de su actividad naciente sin un objeto en que emplearla, lánzala, por decirlo así, a lo exterior; buscando en la novedad y en el bullicio un desahogo a la febril vivacidad que le agita. (Cap. IX)


miércoles, 29 de febrero de 2012

Ronquera

- Uff... y mañana viernes todo el día. Venga, ¡humo! - (Se abre la puerta de un coche) - ¡Mírala! Digo "humo" y se va.

- ¡A ver! Si me han echao'...

- ¿Qué tiene que ver Manu Chao con todo esto?

- Que llora cuando piensa en Chiapas.

- Te quiero.

(Silencio)

- Buenas noches.

(Se cierra la puerta de un coche)


Rescatado de un cuaderno de anotar la vida del 1 de abril de 2011

miércoles, 22 de febrero de 2012

La gran verbena de mi vida


No nos estamos formando en una universidad de prestigio, ni hemos sido iluminados por las grandes enseñanzas de un profesor eminente. No invertimos tardes y tardes divagando sobre literatura y política entre el humo de tabaco y los cafés. Perdemos valiosísimas horas en youtube, en el cine, en las canciones de eurovisión, en el botellón, en la cripta y en misantropar. Desde luego, jamás seremos nombres a inmortalizar en los libros de instituto, ni una Generación (sí, de esas que se escriben con mayúscula) de artistas incomprendidos y adelantados a su época. Y seguramente estemos destinados a ser docentes hasta que podamos jubilarnos. Pero tenemos un punto fuerte, y es que todo eso nos da igual.
Dejémosle el éxito y la gloria a Mariano José de Larra y a los escritores de best bellers. Nosotros tenemos carácter. Sabemos de lo que somos capaces y de lo que no. Y, desde luego, sabremos cómo sacarle partido a la vida, sabremos ser felices. No necesitamos los halagos de nadie: somos así, y ya está. Habernos conocido es simplemente algo genial que no dejará a ninguno indiferente. Y una de las mayores satisfacciones será tener siempre claro:
- Que tigo y migo no son personas.
- Que mezclar palabras grandilocuentes no es escribir bien.



Este desvarío ha aparecido en mi cuaderno de anotar la vida durante una clase de literatura en la que me habéis hecho mucha falta. No sabéis las ganas que tengo de veros, filólogos :)

martes, 21 de febrero de 2012

...

Me cuesta recordar mis pasos por el Carnaval ¿con quién estuve? ¿con quién me puse yo a bailar? Tardamos mucho en no volver a ver la luz del sol nacer. Tardamos tanto que salió un Aleph en un rincón. Desde entonces le pierdo la vista, no sé a lo que juega, no sé donde vuela, no sé donde está. ¿Dónde está mi corazón? ¿Dónde se ha ido a derrumbar mi corazón? Que alguien lo busque para mí. ¿Dónde está, que esta noche no duerme contigo? ¿Dónde está mi corazón? Que alguien le diga que volví, que alguien le diga que pasó lo peor... que esta noche me muero de frío. ¿Dónde está? Que alguien lo busque para mí, que alguien lo ate para ti... ¡Que alguien lo encuentre y le diga que lo estoy buscando por toda la ciudad! ¿Qué fue lo que vio desde el rincón del comedor que le hizo largarse de aquí sin ganas de volver? La vida es una vez le intentaba yo explicar: "exprime lo mejor". Y, entonces, se largó. Y así fue como apenas recuerdo que perdí los besos, las ganas de hacerlo, las ganas de ti... Es no hacer lo que hacen los de más lo que le habrá hecho regresar a su mundo perfecto. Lo doy por perdido: de allí nadie ha vuelto jamás.

http://youtu.be/qFg9OVEGUIg


Siempre me pareció una tía gachosa... pero la canción hoy me viene al pelo

lunes, 30 de enero de 2012

Sucede

que aunque ya está bien entradito el invierno en todo el hemisferio norte, yo no puedo dejar de pensar en este poema... así que, puesto que tengo este blog más abandonado que de costumbre, y con el gran Yann Tiersen tocando la banda sonora, aquí quedan las palabras de Ángel.


El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Ángel González