domingo, 9 de enero de 2011

Los libros viejos tienen un olor especial


Yo no sé si habréis visto nunca el mapa de la mente de una persona. Los médicos dibujan a veces mapas de otras partes de vuestro ser, lo que puede resultar algo interesante, pero les desafiaría a que tratasen de dibujar la imaginación de un niño, que no sólo es confusa, sino que no deja un momento de dar vueltas.
Hay sobre ellas líneas en zigzag como las de la tarjeta en que se anota vuestra temperatura cuando estáis enfermos, y estos zigzags son probablemente los caminos de la isla maravillosa, pues el País de Nunca-Jamás es siempre una isla con asombrosas pinceladas de colores aquí y allá, arrecifes de coral y cierto aspecto de buque de alta mar, y cuevas salvajes y solitarias, y enanillos que son sastres en su mayoría, y cavernas a través de las cuales corre un río, y príncipes con séis hermanos mayores, y una cabaña a punto de desmoronarse y una dama viejecita con la nariz ganchuda.
Sería bastante sencillo este mapa si sólo hubiera esto en él, pero es que está también el primer día de escuela, la religión, el estanque redondo, el punto de aguja, los papás, los asesinatos que los mayores leen en los periódicos, el dativo de los verbos, el día del budín de chocolate, los primeros tirantes, las castañas asadas, los tres peniques que dan los papás a los niños que se sacan ellos mimos los dientes, y otras muchas cosas por el estilo.
Todo esto, o bien forma parte de la isla o son otros mapas que aparecen a través de ella y que se confunden completamente porque, además, nada de esto está quieto.

BARRIE, J.M.: Peter Pan y Wendy. La historia del niño que no quiso crecer,
Editorial Juventud, Hospitalet (Barcelona) 1965. 224 pp.

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