martes, 14 de junio de 2011

Me atrapa...

Después que se iban las monjas con su revuelo de trapos blancos y su leva de retrasados tomados de la mano, Blanca abrazaba furiosamente a su hija, la cubría de besos y le decía que había que agradecer a Dios que ella fuera normal. Por eso, Alba creció con la idea de que una normalidad era un don divino. Lo discutió con su abuela:
- En casi todas las familias hay un tonto o un loco hijita - aseguró Clara mientras se afanaba en su tejido, porque en todos esos años no había aprendido a tejer sin mirar -. A veces no se ven, porque los esconden, como si fuera una vergüenza. Los encierran en los cuartos más apartados, para que no los vean las visitas. Pero en realidad no hay de qué avergonzarse, ellos también son obras de Dios.
- Pero en nuestra familia no hay ninguno, abuela - replicó Alba.
- No. Aquí la locura se repartió entre todos y no sobró nada para tener nuestro propio loco de remate.

Isabel Allende: La casa de los espíritus

lunes, 13 de junio de 2011

Junio

En la plaza de Sol apenas quedan ya restos del indignado 15M, los programas de Cuatro están impregnados de esa inconfundible fragancia con la que Telecinco invita a la estupidez, los estrenos de cine van perdiendo calidad a medida que aumentan las temperaturas, el nuevo cd de Extremoduro contagia más somnolencia que amor al rock, las macrofiestas poligoneras aumentan sus estancias en los alrededores de Ciudad Real, Baldosas Amarillas es sencillamente perfecta, el fenómeno Crepúsculo cautiva a los lectores más insospechados, los festivales de verano comienzan a sonar fuerte en todos los medios de comunicación, los políticos de toda clase siguen inmersos en una absurda lucha animal en la que se gana a base de arañazos incluso a los del propio bando, el dinero escasea en mi bolsillo del mismo modo que las fuerzas para enfrentarme a los extraordinarios, la felicidad aparece de repente en cosas insignificantes como un vaso de plástico con demasiado hielo y poco gran duque camuflado en una botella de cristal, el ocho de agosto está cada vez más cercano y, en definitiva, parece que, entre el calor, las dudas y la melancolía, las cosas no terminan de suceder del todo. Y, como dice el maestro, es esta la gran verdad del mundo: la vida sigue (y seguirá), como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.




Yo

no respeto todas las ideas, no me va el machismo de etiqueta y algunas formalidades me las paso por el forro de la chaqueta. Y soy peor que mi propia conciencia: me emociona más un gol que algún poeta, y ver gente que cuenta estrellas mucho antes que pesetas.

(Y a Marwan también)
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