miércoles, 23 de noviembre de 2011

No soy moderna

No llevo gafas de pasta para ver ni rayban para el sol. Tampoco llevo flequillo ni me corto el pelo a lo garçon. No escribo microrrelatos, tampoco junto frases inconexas plagadas de palabras grandilocuentes para decir que son poemas. No me pinto los labios de rojo (bueno, a veces sí). Jamás me he gastado más de 15€ en un bolso. Los zapatos cerrados con los dos deditos al aire siempre me han recordado a los de mi abuela pero con un color bonito. No voy con camisetas de manga corta en invierno y con camisas de manga larga en verano. Russian Red está bien, pero para un rato. No, tampoco escucho Kassabian. E Iván Ferreiro era mejor con Los Piratas. Me gusta el cine español, y sí, sigo viendo Cuéntame cómo pasó. Todavía no me he leído nada de Murakami. Me pinto las uñas de allá para cuando, y me paso semanas con desconchones en el esmalte. Nunca me he hecho un piercing. No me gustan los móviles táctiles. Ojalá y nos hubiésemos quedado en windows XP. El final de The deamers me dejó muy mal sabor de boca. Marion Cotillard no me parece guapa. Sigo pensando que la mejor poesía en español es la de San Juan de la Cruz. No me he comprado relojes que emulan al casio ochentero en todos los colores; tengo el original negro en casa. No quiero que me regalen un ebook esta Navidad. Soy feliz con mi mp3, no necesito un Ipod. Jamás estudio en el ordenador: lo imprimo todo y todo lo subrayo. No sueño con conducir un Mini. Vintage es una palabra para remodernizar aquéllo que nuestros abuelos ya consideraban anticuado. Y, desde luego, no sé llevar bien un blog.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Rarita

El sentido del gusto popular lo corrobora.
Pero siempre preferirías compartir cama con alguien como Poncho K que con alguien como Jon Kortajarena.
Tiene que haber raritas en este mundo: las peculiaridades también tienen su encanto.
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