martes, 25 de septiembre de 2012

Cuidado con lo que deseas...

Alguna vez, durante la adolescencia, se me pasó por la cabeza la idea de que estaría bien haber sido universitaria en Madrid durante los años 60, rebelarme contra la política del momento, luchar por un futuro mejor, correr delante de los grises...


¿Querías caldo? Pues toma dos tazas.

lunes, 24 de septiembre de 2012

No he sido capaz de leerme La sombra del viento


Verano. La época ideal para dejar de lado las novelas y libros teóricos que la carrera nos exige para acercarnos a otro tipo  de literatura. La oferta esta vez era muy amplia y, tras decepcionarme un poco con Juan José Millás, decidí hacerle caso a mi madre y leerme su segunda novela favorita. Con la primera, La casa de los espíritus, me llevé muy buen sabor de boca, así que pensé que con sus gustos tendría más suerte que con los de mi padre, fiel seguidor de El Capitán Alatriste. Pero esta vez mi mamá no acertó. No he sido capaz ni de llegar a la mitad de la novela. Y lo peor es que me da mucha rabia haber gastado tanto tiempo en intentar acabarla, ya que yo leo muy despacito.

Para empezar, señor Ruiz Zafón, debería saber que escribir bien no consiste en confeccionar una amalgama de palabras grandilocuentes ni anteponer siempre el adjetivo al nombre. Que sí, que es cierto que algunos lo han hecho y les ha quedado muy bien, pero es eso lo que distingue a Valle-Inclán de la gente de a pie, y personas como don Ramón María se cuentan con los dedos de las manos. Que sí, que es verdad que cuando la cosa sale bien das el pelotazo, pero éste no ha sido el caso, Carlos. Un best seller y todo lo que usted quiera, y seguramente a los lectores que están iniciándose les haya parecido una obra maestra digna de aparecer en las historias de la literatura, pero, personalmente, su prosa me aburre.

Intentando entender el fenómeno de masas que ha desencadenado esta novela, intuyo que lo que más ha llamado la atención ha sido su argumento. El joven Daniel Sempere se mueve tras la pista de un autor olvidado en medio de una Barcelona de posguerra. Eso es, el autor olvidado, el personaje que trabaja en una librería, el misterio por una novela de escasa tirada y que nadie parece conocer: la dignificación del libro. Carlos Ruiz Zafón se ha valido de la nostalgia de los amantes de la literatura, que en esta sociedad se sienten incomprendidos y la trama centrada en el misterio que desencadena una obra literaria los ha encandilado irremediablemente. No sé, a mí no me termina de convencer el argumento. Engancha, sí, pero le faltan matices, verosimilitud en los sucesos, y en su relación con las acciones de los personajes (y con ello no quiero decir que la novela tenga que ser realista en el sentido estricto de la palabra, para nada).

Pero lo que ya, definitivamente, me ha hecho darme por vencida en esta aventura literaria, ha sido lo siguiente:

Un soplo de aire frío silbó por el orificio de la cerradura, lamiéndome los dedos mientras insertaba la llave. El señor Fortuny había hecho instalar un cerrojo en la puerta de la habitación desocupada de su hijo que hacía tres del que tenía en la puerta del piso. Doña Aurora me miraba con aprensión, como si estuviésemos a punto de abrir la caja de Pandora.
Carlos Ruiz Zafón: La sombra del viento, Círculo de lectores, Barcelona, 2001. Pag 115

Si alguien entiende la parte en negrita, que me lo explique. Pero, señor Ruiz Zafón, o yo tengo problemas graves de comprensión o esto no tiene ni pies ni cabeza, y no me he pasado media vida basando mis textos en los principios de adecuación, coherencia y cohesión, como para perder el tiempo con los suyos. Si alguien me lee (cosa poco probable), puede que se indigne y que piense que no debo juzgar la obra sin terminarla, y no le falta razón, pero ésta no es una valoración objetiva y, además, en el título de la entrada, queda bien clara mi situación. Lo siento, me niego a continuar con ello con toda la oferta literaria que existe hoy en día.

Enhorabuena por su éxito, gracias por aproximar a la gente a la literatura, pero, por lo que a mí respecta, me paso a Tiempo de Silencio, que promete más que lo que usted me ofrece. Ahora bien, buena labor, al fin y al cabo, la de Carlos Ruiz Zafón: Mejor leer La sombra del viento que el Hola.

Y sé que me ha quedado muy pedante, pero no me sale de otra manera.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

LAS DOS CARAS OPUESTAS DE NORUEGA

Campus universitario de Tromsø, febrero de 2012. Sería, más o menos, las una de la tarde.




2 de Octubre se 2012. Playa de Solastranden, cerca de Stavanger. Serían las 8 de la tarde.





Y no podría elegir entre los dos momentos...

martes, 18 de septiembre de 2012

El adiós de la tirana


Me voy, dijo.
Y ese día en muchas casas se decidió descorchar una botella del mejor vino. “Esto hay que celebrarlo” “De buena nos hemos librado” “Ya sabía yo que esto llegaría”. Miradas ya por fin tranquilas y sonrisas de padres y madres que confiaban en que, a partir de ese momento, las cosas cambiarían a mejor; en que, al menos, sus hijos volverían a comer caliente.

Me voy, dijo.
En ese instante cientos de ojos se abrieron de par en par ante tanto desconcierto. “¿Por qué” Y las pocas palabras que todos escucharon fueron suficientes para saber que ese no era el día en que conocerían el motivo. “Se fue llorando” Dijo Lavender satisfecha. “Esa mujer no puede llorar. ¡Es demasiado malvada!” “¡Nigel! No digas esas cosas”. Pero la señorita Honey sabía que Nigel sólo se había atrevido a decir en voz alta lo que todo el mundo pensaba.

Me voy, dijo.
Algunos dicen que la vieron huir apresuradamente, sin decir nada a nadie, grande y orgullosa como sólo ella sabía ser, y portando aún entre los cabellos restos de la comida que los niños le tiraron desde la ventana.




Agatha Trunchbull abandonó, a la hora del almuerzo, la Escuela Primaria Crunchem. Lo que Matilda nunca se atrevió a contar a sus compañeros fue que, al día siguiente, comenzó a trabajar codo con codo con el Secretario de Estado para los Niños, Escuelas y Familias de Inglaterra.
Pocos años después, en las afueras de la ciudad se erigió una de las instituciones de enseñanza infantil más grandes de toda Europa. En ella, tras la pequeña alteración de algunas leyes, los métodos de tortura como el asfixiadero eran la atracción principal. 

18/09/2012
Blanca León González






lunes, 17 de septiembre de 2012

En México se piensa mucho en ti...

Hay ciudades tan descabaladas, tan faltas de sustancia histórica, tan traídas y llevadas por gobernantes arbitrarios, tan caprichosamente edificadas en desiertos, tan parcamente pobladas por una continuidad aprehensible de familias, tan lejanas de una mar o de un río,  tan ostentosas en el reparto de su menguada pobreza, tan favorecidas por un cielo espléndido que hace olvidar casi todos sus defectos, tan ingenuamente contentas de sí mismas al modo de las mozas quinceñas, tan globalmente adquiridas para el prestigio de una dinastía, tan dotadas de tesoros - por otra parte - que puedan ser olvidados los no realizados en su tiempo, tan proyectadas sin pasión pero con concupiscencia hacia el futuro, tan desasidas de una auténtica nobleza, tan pobladas de un pueblo achulapado, tan heroicas en ocasiones sin que se sepa a ciencia cierta por qué sino de un modo elemental y físico como el del campesino joven que de un salto cruza el río, tan abigarradas de sí mismas aunque en verdad el licor de que están ahítas no tenga nada de embriagador, tan insospechadamente en otro tiempo prepotentes sobre capitales extranjeras dotadas de dos catedrales y de varias colegiatas y de varios palacios encantados -un palacio encantado al menos para cada siglo-, tan incapaces para hablar su idioma con la recta entonación llana que le dan los pueblos situados hacia el norte a doscientos kilómetros de ella, tan sorprendidas por la llegada de un oro que puede convertirse en piedra, pero que tal vez se convierta en carrozas y troncos de caballos con gualdrapas doradas sobre fondo negro, tan carentes de una auténtica judería, tan llenas de hombres serios cuando son importantes y simpáticos cuando no son importantes, tan vueltas de espaldas a toda naturaleza -por lo menos hasta que en otro sitio se inventaron el tren eléctrico y la telesilla-, tan agitadas por tribunales eclesiásticos con relajación al brazo secular, tan poco visitadas por individuos auténticos de la raza nórdica, tan abundante de torpes teólogos y faltas de excelentes místicos, tan llenas de tonadilleras y de autores de comedias de costumbres, de comedias de enredo, de comedias de capa y espada, de comedias de café, de comedias de punto de honor, de comedias de linda tapada, de comedias de bajo coturno, de comedias de salón francés, de comedias del café no de comedia dell'arte, tan abufaradas de autobuses de dos pisos que echan humo cuanto más negro mejor sobre aceras donde va la gente con gabardina los días de sol frío, que no tienen catedral.


Luis Martín Santos, Tiempo de silencio





Ciudades que, si entender muy bien ni cómo ni por qué, te enamoran para siempre.
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