martes, 2 de octubre de 2012

Jorge Riechmann. Una verdad incómoda





Ayer (1 de Octubre de 2012) tuvo lugar la primera sesión del Aula de Poesía de la Facultad de Letras de la UCLM. Este curso, inauguraba su actividad con un recital poético de Jorge Riechmann.





En mi primera toma de contacto con él, pocas horas antes del evento, en una clase de literatura, me sorprendió sobre todo su carácter tan polifacético: licenciado en matemáticas, estudiante asimismo de literatura y filosofía, doctor en ciencias políticas, traductor de poesía, ensayista, profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, ecologista comprometido, miembro y activista en diferentes organizaciones socio-políticas y, además, poeta. Escritor de poesía social y, según la crítica, uno de los representantes de la llamada Poesía de la conciencia, aunque él mismo ha denominado a parte de su obra “ecopoesía”.

Comienza la sesión y, tras conocer este currículum, no me impresionó (de hecho, me reconfortó) encontrarme frente a frente con un digno sucesor de José Antonio Labordeta en Un país en la mochila. Nos habla de una de sus últimas publicaciones, El común de los mortales (Tusquets, Barcelona 2011), de la cual sacará posteriormente la mayor parte de los poemas a recitar; resulta curiosa la anécdota que cuenta respecto a esta editorial, y es que Riechmann se mostró reacio, durante mucho tiempo, a publicar en Tusquets, porque no le gustaba el título de la colección: Nuevos textos sagrados.

Tras esta breve introducción, libro en mano, el poeta se levanta y, muy desenfadadamente, comienza a recitar Apenas lluvia. Prosigue con diversos poemas entre los que llaman la atención, por su pertenencia a distintas series, La condición humana I y IV, Teoría de la salvación I y Catastrofismo II y III. Quisiera hacer un breve paréntesis para hablar sobre la manera de leer de Riechmann; y es que,, bien sea porque debía estar muy cansado (le precedía una conferencia sobre su libro: El socialismo puede llegar sólo en bicicleta) o porque así es como él está acostumbrado a recitar, su entonación (por otro lado, muy bonita) y sus pausas en ocasiones demasiado prolongadas dificultaban el seguimiento de los poemas, de tal modo que en ocasiones no supe bien si los versos que leía pertenecían a un poema o a otro.

 Respecto a la materia poética, y esto es lo más interesante, su temática presenta una dualidad constante: la realidad y el futuro alternativo, siendo lo primero una representación del mundo en sus aspectos más zafios y miserables, y lo segundo el atisbo de esperanza, la esperanza por un cambio radical que salve la situación que ahora se da. Esta dualidad se comprueba muy claramente, por ejemplo, en sus poemas Hacia una edad oscura, que es una crítica a la involución de la sociedad, y Contra el pesimismo histórico, que plantea que el cambio es posible, que hay que intentarlo. A parte de esto, es advertible también en la poesía de Riechmann la huella de su actividad política y ecologista, lo cual se refleja en las numerosas alusiones a la naturaleza y a conceptos políticos, sobre todo al capitalismo. Por último, cabe destacar la importancia que este autor le da a lo puro, a lo esencial, y que es, sin duda alguna, uno de los rasgos claves del espíritu del poeta: Amar, y lo demás se dará por añadidura.

 Llegados ya a la parte de ruegos y preguntas, Riechmann habla sobre su experiencia a lo largo del tiempo con la lectura de Juan Ramón Jiménez, y la influencia que éste y otros poetas tan dispares como Kenneth Rexroth, Ángel González o el Arcipreste de Hita han tenido en su obra: “Buena parte de la poesía es una conversación con poetas del pasado”. Por último, lo más interesante, quizá, de este apartado, es el momento en que una espectadora le pregunta sobre el pesimismo de su poesía; ante esto, Riechmann argumenta que él no es pesimista, sino que intenta mirar las cosas tal y como son, “nos falta coraje para mirar de frente y tratar de cambiar”, también arguye que en sus poemas también están presentes los elementos positivos, de modo que, dice, “la pareja pesimismo-optimismo no es tan útil en este aspecto”. 

La poesía de Riechmann refleja pues, igual que el título del documental, una verdad incómoda, la cara burdamente oculta del mundo en plena “era de la denegación”. Pero para nada ha de entenderse como una verdad estática, pues, como él sugiere llegará (puede que en bicicleta, pero llegará) una esperanza después del apocalipsis.

Bosquimanos en el Ártico

1
El petróleo barato
y el automóvil
fueron la gran trampa

donde vamos a sucumbir
un siglo después

2
Es el empecinamiento en no perder
lo que al final hace inevitable la catástrofe

3
Ya es demasiado tarde para frenar
el desastre ecológico dice Donna Leon:
todo lo que leo indica que lo es

La lúcida novelista de New Jersey
tiene razón sólo parcialmente

Por una parte
la biosfera va a seguir:
sin traje de fiesta, eso desde luego

sino sólo harapos raídos
durante largo tiempo

mientras se va recuperando
gracias al buen hacer de su ejército de sastrecillos
valientes
e inextinguibles:
insectos
hongos
algas
bacterias sobre todo

Siempre nos quedarán las bacterias

Por otro lado
ni siquiera los causantes del estropicio
vamos a recibir el castigo que colectivamente
sin duda merecemos:

los seres humanos somos
supervivientes natos

(Por no apelar más que a experiencias
locales y recientes:
¡pero si hemos sobrevivido a José María Aznar!)



Quiero decir que quedarán
algunos bosquimanos en el Ártico
transformado eso sí en Mediterráneo

pequeños grupos
de los que hemos desdeñado por “primitivos” que conserven
un dedalico de sabiduría
y la capacidad de aguantar malos tiempos
salir adelante con muy poco
y aprender de las desgracias

En fin: los cazadores-recolectores
que esta vez sepan poner a tiempo
a Prometeo en su sitio

tendrán en los siguientes 500 millones de años
una segunda oportunidad




Véase:
Blog personal de Jorge Riechmann: http://tratarde.org/
Espacio dedicado a Jorge Riechmann en Amediavoz: http://amediavoz.com/riechmann.htm

(Esta entrada ha visto la luz porque me he visto obligada a escribir una "posible entrada de blog sobre el recital" para una asignatura de literatura -rima interna, ya lo sé-. Ésta es la original, y ya que la tenía que escribir, pues me parece oportuno publicarla; por motivos de extensión y académicos, la que voy a entregar ha sido sometida a recortes y censura).

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