lunes, 17 de diciembre de 2012

Me comentó

No tengo los ojos grandes
como esa flipada que es tan sólo un año mayor que yo y
que se cree que es mucho más de lo que jamás llegará a ser.

No tengo los ojos grandes y,
además, llevo gafas.
Tampoco he desarrollado,
en mis 21 añitos,
recién cumplidos,
ningún instinto obsesivo por maquillarlos.

No tengo los ojos grandes y,
sin embargo, veo
y no pienso marcharme
a tientas
a ninguna parte.

No tengo los ojos grandes y,
por eso, Ángel González nunca se hubiese
entusiasmado conmigo.

Pero estoy segura de
que él, también sin dudar,
se hubiese horrorizado más con mis
burdos intentos de escritura
que con mis ojos pequeños.


martes, 4 de diciembre de 2012

Tradición oral

[Sobre la importancia de las canciones para antes de dormir]


Mi infancia son recuerdos de un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos y una ovejita lucera agazapada en algún rincón de La Mandrágora, balando beeee y baaaa cuando le subía la bilirrubina buscando visa para un sueño. Al corro, Manolo, mi madre está en los toros, pero entonces llegó un doctorrr manejando el cuatrimotorrrr. Mario salía del treinta y tres y (adiós, adiós, adiós) pedía un taxi para la estación; de camino veía a un chico que festejaba con una chica, con una chica, y en Sevilla a un sevillano siete niñas le dio Dios. Al olivo, al olivo, al olivo subí, ¿qué haces ahí, mono viejo, que no te casas?, en la calle 24 se ha cometido un asesinato, don Federico perdió su cartera, al pasar por el cuartel se me cayó un botón, y el último tranvía que queda todavía se va, se va, se va...

qué lástima me da,
pues ya no volverá...




Agacha, niña, ese pie que viene madre con un tizón a quemarte la punta del corazón, 
a
cha
lo.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...