martes, 4 de diciembre de 2012

Tradición oral

[Sobre la importancia de las canciones para antes de dormir]


Mi infancia son recuerdos de un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos y una ovejita lucera agazapada en algún rincón de La Mandrágora, balando beeee y baaaa cuando le subía la bilirrubina buscando visa para un sueño. Al corro, Manolo, mi madre está en los toros, pero entonces llegó un doctorrr manejando el cuatrimotorrrr. Mario salía del treinta y tres y (adiós, adiós, adiós) pedía un taxi para la estación; de camino veía a un chico que festejaba con una chica, con una chica, y en Sevilla a un sevillano siete niñas le dio Dios. Al olivo, al olivo, al olivo subí, ¿qué haces ahí, mono viejo, que no te casas?, en la calle 24 se ha cometido un asesinato, don Federico perdió su cartera, al pasar por el cuartel se me cayó un botón, y el último tranvía que queda todavía se va, se va, se va...

qué lástima me da,
pues ya no volverá...




Agacha, niña, ese pie que viene madre con un tizón a quemarte la punta del corazón, 
a
cha
lo.

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