lunes, 16 de diciembre de 2013

DROGAS BLANDAS



Café,
café con leche,
café con humo de tabaco.
Ya no se fuma en los bares.
Porros.
Sexo.
Fumar a medias después del orgasmo
simultáneo.
No sé liar.
La marihuana no se vende en el Corte Inglés,
y no tengo camello,
y tampoco sé liar;
pero tengo sexo
y sé hacerte el amor.
Hablar.
Hablar a todas horas,
hablar a media voz después del sexo.
Cantar.
Leer.
Tocar.
Querer
(te).


Las drogas blandas son siempre las mejores



Blanca León González

viernes, 8 de noviembre de 2013

Seguimos con Joan Brossa. La Red/ La Xarxa

Joan Brossa ha sido, sin duda, mi mayor descubrimiento literario de este verano.
Puntualicemos: por supuesto, ya conocía el nombre de Brossa, había leído poemas suyos y también tuve la suerte de asistir a una exposición de su obra plástica en 2008. Sin embargo, ha sido este verano cuando he encontrado la ocasión de leer más detenidamente a este autor, y he quedado fascinada por su teatro. 

Lo que viene a continuación es una mini reseña sobre su obra La red, que puede leerse en el libro Teatro Brossa de la editorial Ñaque, y que escribí para el blog de esta editorial.

La red (La xarxa)
1953
La imagen del tiempo circular, de la historia que se repite una y otra vez, es un tema que no sólo ha impregnado la literatura, sino que se ha visto reflejado en la vida misma. Valiéndose de esta metáfora, y llevado por su pasión por el Romanticismo y la ópera Wagneriana, Joan Brossa recrea en La red su particular visión de la trágica leyenda de Tristán e Isolda.
 
El tiempo pasa incluso para Cornualles, que ha dejado es el esplendoroso reino medieval de Sir Marke y ha pasado a convertirse un núcleo urbano. Los valientes caballeros han cambiado la espada por una jornada laboral de ocho horas en empresas o fábricas. Pero ello no quiere decir que Cornualles no pueda volver a ser un escenario ideal para los amores prohibidos. Y así, de nuevo, sustituyendo el palacio por un modesto piso y los bosques por calles atestadas de tráfico, la pasión entre Tristán e Isolda se desencadena nuevamente sin que nadie pueda impedirlo.


La red es una obra escrita bajo los preceptos del drama experimental, con notables dosis del teatro del absurdo. A través de esta reactualización de la leyenda, Brossa ejemplifica en este trágico romance un conflicto de intereses. Así, se desarrolla un enfrentamiento entre los personajes de la MADRE y MARCOS (partidarios del matrimonio concertado), y TRISTÁN e ISOLDA (que se enfrentan a ellos para poder vivir su amor). Este conflicto no sólo se evidencia en los deseos que cada personaje manifiesta, sino también en sus conversaciones; de este modo, cuando Isolda y Marcos conversan no son capaces de entenderse el uno con el otro; sólo se establece una verdadera comunicación entre la pareja protagonista: Tristán e Isolda, pues sus corazones y sus deseos apuntan a una misma dirección.
 
Y como telón de fondo, una guerra, una lucha de clases, el símbolo de un cambio que se cierne sobre los personajes. En un primer plano, Tristán e Isolda se yerguen como cabecillas de esta lucha, en su enfrentamiento con Marcos y la Madre, en su deseo por cambiar el orden establecido y que ellos no quieren para sus vidas.

La red se representó por primera vez en 1954, de manera clandestina, en el domicilio particular del doctor Obiols i Vié. No volvió oficialmente a cobrar vida en un escenario hasta febrero de 2005, en el Espai Escènics Joan Brossa, bajo la dirección de Josep Maria Mestres y con una extraordinaria Sílvia Bel en el papel de Isolda.

Blanca León González
(Artículo escrito originalmente para: elblogdenaque.blogspot.com)


martes, 17 de septiembre de 2013

Posteatro de Joan Brossa (o "a veces, cuando estoy a punto de dormirme, digo tonterías")

(Artículo escrito originalmente para elblogdenaque.blogspot.com)

Decir que el nombre de Brossa es casi desconocido no es precisamente cierto, pero sí es verdad que su obra, extensa y polifacética, no ha sido valorada como debiera por el público. Poeta, dramaturgo y artista plástico, Joan Brossa es uno de los artistas catalanes más importantes del S. XX. De hecho, se ha dicho de él que es a la poesía, en todos sus ámbitos, lo que Gaudí a la arquitectura o Dalí a la pintura. Pero si por algo se caracteriza Brossa, es porque toda su producción literaria está escrita en catalán, lo cual lo erige como pionero en su campo, ya que apostó por su idioma en un tiempo en el que estaba prácticamente extinto del ámbito público.

La “marca de la casa” en Posteatro, primera recopilación y traducción al castellano de la obra dramática de Brossa, es el empleo de un estilo singular que enlaza con el surrealismo y que la crítica ha denominado escritura hipnagógica. 


Una alucinación hipnogógica es una alucinación auditiva, visual o táctil que se produce poco antes del inicio del sueño. La palabra hipnogógica (o hipnagógico) expresa una situación de tránsito entre la vigilia y el sueño, originalmente acuñado de forma adjetiva como "hypnagogic" por Alfred Maury.

Cuando nos acercamos al Posteatro de Joan Brossa es posible que tengamos esa sensación, la sensación de que estamos presenciando, a través de las escenas, un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Así, las veintidós obras que componen este volumen aparecen plagadas de enumeraciones reiterativas, de preguntas y respuestas aparentemente ilógicas, y de diálogos que remiten a la poesía surrealista. Es por todo este lirismo que impera en sus dramas por lo que el propio Brossa calificó a su producción teatral como “poesía escénica”. Quizá ofreciendo el título de una de las piezas de Posteatro, se entienda con mayor claridad a qué se refiere la crítica con el concepto de escritura hipnagógica:


He dejado el grifo del fregadero abierto en la noche indicada. Por el corredor he encontrado una manzana que encima tenía escritas las palabras: He dejado el grifo delo fregadero abierto en la noche indicada. Por el corredor he encontrado una manzana que encima tenía escritas las palabras: He dejado el grifo delo fregadero abierto en la noche indicada… etc.


El bucle, la imagen ilógica pero bella, la repetición con pequeñas variantes… ¿no os recuerda a esos momentos en los que uno está a punto de dormirse, cuando los pensamientos se tornan lejanos y extraños y no se sabe muy bien si lo que se siente es real o forma ya parte del sueño? Pues así son las veintidós piezas que componen el libro: pequeñas obras -casi poemas- construidas con un lenguaje tremendamente lírico, en el que las imágenes ilógicas se articulan con reiteraciones lingüísticas y con un ritmo cuanto menos musical; todo ello para ofrecer a los espectadores y lectores sensaciones casi oníricas, casi, porque siempre aparece algún elemento que nos demuestra que a lo que asistimos no es al sueño como tal.

A todo ello se suma la brevedad de las piezas en cuestión, otro de los factores por los que este teatro se relaciona con el género lírico y por lo que el propio Brossa lo ha calificado de “poesía escénica”. De este modo, el núcleo argumental de estas obras se limita al momento, a dejar en la mente de quien las contempla tan sólo una imagen, más que una trama. El espectador debe trabajar esta imagen individualmente para llegar a captar el sentido de lo que ha presenciado.

Cabe añadir que gran parte de estas obras se caracteriza por su estructura, que las hace asemejarse, formalmente, a una especie de espina de pez; así lo identifica Moisés Maicas: el encadenamiento de repeticiones de palabras precedidos de pequeñas variaciones lingüísticas (artículos, preposiciones, verbos...) desencadena un efecto hipnótico parecido al de las piezas de arte cinético de Marcel Duchamp.

Tres veces.
Que tres.
Tres.
Tres.
Tres.
Un tres.
El número tres.
En grupo de tres.
Las tres.
Tres.
Tres.
Tres.
Y tres.
Tres caras.
Tres cabezas.
Tres cuerpos.
Tres veces.
Tres cosas.
Tres.
Tres.
Tres.
El número tres.
El tres, único número.
Una serpiente con tres cabezas.
El número tres arraigado.
De tres en tres.
Por ser tres.
[…]


Posteatro es tan sólo una pequeña muestra de la producción dramática de Joan Brossa, cuya pluma ha firmado 380 textos teatrales. Posteatro se trata de la primera labor de recopilación y traducción al castellano, con criterio, de la obra de un autor que pasó a la historia incluso antes de que la historia le dejara pasar. Ñaque Editora y el traductor Carlos Vitale inician este proyecto para elogiar la figura de Brossa y evitar que la obra de este polifacético autor caiga en el olvido.


Blanca León González


jueves, 8 de agosto de 2013

Carta ficticia de Stephen Hawking a un niño neoyorkino

Querido Oskar Schell:

He leído todas las cartas que me has escrito en los últimos dos años. A cambio, te he ido enviando muchas respuestas estandarizadas, con la esperanza de que algún día podría contestarte como mereces. Pero cuantas más cartas me escribías, y más cosas me contabas de ti mismo, más dura se me hacía la tarea.

Dicto esta carta sentado a la sombra de un peral, contemplando el huerto de la finca de un amigo. Llevo varios días aquí, reponiéndome de un tratamiento médico que me ha dejado física y emocionalmente agotado. Esta mañana, mientras meditaba en la lástima que sentía por mí mismo, de repente se me ocurrió, cual solución simple a un problema imposible: hoy es el día que he estado esperando.

En tu primera carta me preguntabas si podías ser mi protegido. No sé qué decirte, pero me alegraría mucho que pasaras unos días en Cambridge conmigo. Podría presentarte a mis colegas, invitarte al mejor curry que se prepara fuera de la India y mostrarte lo aburrida que puede ser la vida de un astrofísico. 

Puedes tener un brillante futuro en el mundo de la ciencia, Oskar. Me encantará hacer cuanto esté en mi mano para facilitarte el camino. Resulta maravilloso pensar qué podría suceder si aplicaras tu imaginación a fines científicos. 

Pero, Oskar, recibo cartas de gente inteligente todos los días. En tu quinta carta me preguntabas: "¿Y si no dejo de inventar?". Esa pregunta hizo mella en mí. 

Ojalá fuera poeta, es algo que nunca he confesado a nadie, y te lo confieso sólo porque me has dado motivos para creer que puedo confiar en ti. He dedicado la vida a observar el universo, sobre todo con los ojos de la mente. Ha sido una vida tremendamente gratificante, una vida maravillosa. He podido explorar los orígenes del tiempo y el espacio junto algunos de los más grandes pensadores. Pero ojalá fuera poeta. 
Albert Einstein, uno de mis héroes, escribió una vez: "Nuestra situación es la siguiente. Estamos en una caja cerrada que no podemos abrir".

Estoy seguro de que no hace falta que te diga que la parte más inmensa del universo está compuesta de materia oscura. El frágil equilibrio depende de cosas que nunca podremos ver, oír, oler, probar o tocar. La propia vida depende de ellas. ¿Qué es real? ¿Qué no lo es? Tal vez esas no sean las preguntas adecuadas. ¿De qué depende la vida?

Ojalá hubiera hecho cosas de las que dependiera la vida.

¿Y si nunca dejas de inventar?

Quizá no estés inventando.

Es la hora del desayuno, así que voy a tener que poner punto y final a la carta. Hay más cosas que me gustaría decirte, y más cosas que me gustaría preguntarte. Es una pena que vivamos en continentes distintos. Una de muchas otras penas. 

El paisaje es tan hermoso a estas horas... El sol está bajo, las sombras son alargadas, el aire es frío y limpio. Faltan unas seis horas para que despiertes, pero no puedo evitar la sensación de que estamos compartiendo esta clara y hermosa mañana.

Tu amigo,
STEPHEN HAWKING








Jonathan Safran Foer: Tan fuerte, tan cerca (pp. 411-413)

martes, 21 de mayo de 2013

LA TRAMPA (Un cuento de posguerra)


             -          ¿A dónde vas?
                
             -          No sé.

De doce de la noche a ocho de la mañana se duerme. De ocho de la mañana a doce de la noche, no.

             -          ¿A dónde vas?

             -          ¡Yo qué sé!

Hay tres caminos. Llevan a tres sitios, los mismos siempre. ¿Y entre ellos? ¿Y si fuera por entre dos de ellos? Iría también a sitios conocidos, siempre los mismos. Porque esto es conocido. Porque nada se mueve. Porque somos así. Porque estamos en el mapa y en el padrón y nos busca el tren, el coche de línea, el correo, el teléfono, los amigos, la familia, y nos encierra la calle, la habitación, la puerta. La ventana mira siempre al mismo sitio. ¿Y si un día mirase a otro sitio? No lo hará.

Hay veces en que a las cuatro de la tarde o a las siete tengo un sueño de losa. Pero a esa hora no se duerme y yo no duermo. Hay veces en que a las cuatro de la mañana, o a las cinco, tengo los ojos abiertos y la cabeza clara como una estrella. Y quiero dormirme. Y no puedo. Y mi mujer duerme. Y mis hijos. Porque el brasero y yo somos iguales; tarda en enfriarse. Noto en mi cabeza las brasas, las últimas brasas de la madrugada, en las que, a veces, cae una idea, cualquiera, y las reaviva dolorosamente, con algo funeral, como puñado de espliego.

¿Por qué no he podido comer hoy a la hora de comer?

             -          ¿A dónde vas a estas horas?

Estas horas son siempre para otra cosa, lo sé. A veces huele a comida en las calles, o a cocina recién encendida, o a mula adormilada y caliente, o los campos y las estrellas empiezan a echar vaho. ¿Y si ahora saliera y no viera a Mateo, no le viera nunca más y no se hubiera muerto?

             -          Acuéstate.

             -          No puedo…

             -          Levántate.

             -          Más tarde…

El otro día hubiera dado cualquier cosa por pasar a la otra habitación por otro sitio. Quise hacerlo y no pude. Empujé y no pude. Di puñetazos y voces y no pude. Estuve a punto de ir por la piqueta.

Al filo de una madrugada estrangulé al gallo. Le echaron de menos porque no cantó. Aunque los vecinos cantaron como todos los días.

No quiero cerrar nada por las noches, ni las ventanas, ni las puertas, ni el corral, ni la cuadra. No quiero dejar de ver el sol por las noches. Y lo veo. ¿Cómo se explica que nadie en absoluto, nadie, salga a la calle de noche? Si quiero fumarme ahora un cigarro con Felipe, ¿lo puedo hacer?

A veces me voy a trabajar a las tantas, aunque no tenga trabajo pendiente. Luego, a lo mejor, no hago nada; un monigote de hierro sin pies ni cabeza. Pero entre golpe y golpe me empapo de silencio; un baño, como si me diera un baño. Y hasta las tías del Ejido están dormidas; las tías del Ejido con sus nalgas gordas, lustrosas, bien magreadas. Si quisiera… pero también tengo mi cama y mi mujer, que esperan. ¿Y si no quiero esa cama?

¿Por qué no puede haber gente bailando de noche? ¿Es imposible? ¿No puede haber charanga?

             -          Acuéstate. O pasea un poco si no puedes dormirte.

Sí, eso. Pero ¿adónde? No a caer en la trampa; no a coger la calle. Por la izquierda, a la plaza, lo sé; por la derecha, a la iglesia, al campo, al cementerio. No; no cojo la calle, ni los caminos, ni la puerta, ni miro por la ventana, ni puedo dormir de noche, ni comer a las horas de comer, ni reírme cuando los demás, y, a veces, cuando ríen, noto como una espuma rebosadora, escociente que me sale a los ojos.

Ha habido noche que he cogido la vereda de los bardales que nadie la sabe. Y otra que fui pisando luna. Y también es muy bueno meterse en el río y seguir adelante, como si nada.

Siempre que voy a salir me acecha la trampa: la enorme peligrosa zanja del día, llena de pequeñas zanjas, y la lanza más libre de la noche, que es como un narcótico.

Me levanto y miro y remiro el reloj, la primera trampa, y me apresuro y me angustio porque una varilla negra se acerca a las ocho o a las nueve y yo tengo que salir, quiera o no quiera, cinco minutos antes. Y el reloj es como un memo inhumano al que hubiera coronado el rey. Salgo y me cruzo con Nicolás y voy a decirle «¡buenos días!», pero no; sólo caigo en la mitad en la trampa y le digo «¡buenas noches!», y él, que está en la trampa desde que nació, me mira con un gesto de extrañeza, o se ríe porque se cree que no es de noche, y nadie le metería en la cabeza que otros ahora en el mundo están durmiendo, o que yo estoy fuera de todo eso, y no admito la acera, ni el camino más corto, y voy pisando raya por pisar medalla. Y que un día ayudo al cura, y otro soy recovero, y otro no hago nada, y el domingo no se oyen en el pueblo más martillazos que los míos, aunque todos los días, todos, sea herrero, el herrero. Y, a veces, salgo por la ventana y no por la puerta, y a veces por las bardas del corral que dan al de Goyo, que está casado, y si me ve, sólo puede pensar una cosa: que voy por su mujer. Y se equivoca, que no voy por su mujer.

A veces me gustaría ser carcoma; a veces, murciélago.

             -          Tienes que descansar.

No. No puedo. Y a la tarde, cuando me siento a la puerta, en una silla al revés, la gente cree que estoy allí, como todos, pero no estoy allí; tengo siempre un resquemor y una deuda conmigo mismo y siempre estoy entrampado con el orden.

Ahora estoy rendido y no quisiera irme, pero algo duro, y áspero, y fuerte, me empuja a hacerlo, y aunque grite «¡déjame!, ¡déjame!», sé que estoy yéndome. Y estoy cansado, muy cansado, molido. Porque el hombre está hecho para la trampa; porque lo fácil, lo cómodo, es la trampa, y está tan bien hecha que me falta cabeza y coraje para salir de ella.

Un día me escaparé de verdad, quizá por los tejados. El día que no sepa dónde voy, ni piense, ni sienta. Ahora estoy probando. Y entonces que me vengan a decir a mí que no hay más que el día y la noche, que no hay más que esas horas para hacer eso, que no hay otros caminos… 

Medardo Fraile







sábado, 11 de mayo de 2013

Denise Despeyroux visita la Facultad de Letras de la UCLM







El pasado lunes 29 de abril los alumnos de Escritura Creativa de la Facultad de Letras de Ciudad Real volvieron a tener una clase un tanto especial, y es que esta vez las lecciones las impartía la autora y directora de teatro Denise Despeyroux.






La dramaturga, que ha sido docente en diversos cursos de creación escénica, propuso una innovadora metodología para el desarrollo de la creatividad que dista de los habituales dictámenes teóricos que imperan en las aulas universitarias. Denise aboga por un tipo de ejercicios más dinámicos y estimulantes de la creatividad individual y, por ello, no permitió que los alumnos tomasen demasiadas notas.

Para empezar, Despeyroux propuso que cada participante imaginase un personaje que debería representar; seguidamente, cada uno se presentó en lo que trataba de ser una especie de terapia de grupo en la que se generaron debates en torno a cada personaje (siempre actuando). 

Terminada esta dinámica, Denise invitó a algunos de los participantes a improvisar delante de un público; la actividad consistía en que dos de ellos debían interpretar con sus gestos lo que una determinada música les sugiriese.

Por último, se prescindió de la música para que cuatro de los alumnos interactuasen según una determinada consigna: uno de ellos era el representante de una asociación de donantes de órganos que debía convencer a un paciente para que se hiciese donante; otro era el paciente en cuestión, cuya enfermedad le impediría vivir poco, y que, además, era misógino; los otros dos personajes eran la futura receptora de los órganos y su pareja. El resultado de esta actividad, que se había ido desarrollando sobre la marcha, fue un diálogo ilógico, cuanto menos absurdo.

A través de estas actividades, Denise Despeyroux mostró a los alumnos su particular modo de creación: a través de y para los personajes. Y es que, si bien el teatro es quizá la rama más viva de literatura, su escritura ha de estar condicionada, irremediablemente, por esa vida. 

Muchas gracias, Denise, por tus lecciones; y muchísima suerte en tu próximo estreno Por un infierno con fronteras, el 22 de Mayo en "La casa de la Portera".


lunes, 6 de mayo de 2013

Hay realidades mucho más brutales que cualquier ficción




A Luis Ramos Setién, compañero de viajes, canalla sutil

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La República Democrática del Congo, también conocida popularmente como RDC o Congo Democrático, es un país de África central, denominado Zaire entre los años 1971 y 1997. Situado en la zona de los grandes lagos de África, es el segundo país más extenso del continente, después de Argelia. Limita con la República Centroafricana y Sudán del Sur al norte, Uganda, Ruanda, Burundi, y Tanzania al este, Zambia y Angola al sur, y la República del Congo al oeste. Tiene acceso al mar a través de una estrecha franja de 40 km de costa, siguiendo el río Congo hasta el golfo de Guinea. El nombre "Congo" encuentra su origen en los nativos bakongo, asentados en las riberas del río Nzadi o Zaire, rebautizado en portugués como río Congo. La RDC es dueña de una rica y variada historia que se inicia con los primeros inmigrantes bantúes que llegaron a la zona, la cual se convertiría en el epicentro del gran Reino del Congo a mediados del siglo XV.

        -          Venga, vamos a ver si esto funciona. Verás cómo te gusta. ¿Te gusta? Pero no lo puedes tocar, que es muy delicado. No, no, no se toca. Así muy bien… Sí, las luces, ¿a que son muy bonitas? Verás que divertido. Vamos a ver a mi mamá; claro, yo también tengo una mamá, pero no está aquí. ¿Le vas a decir hola a mi mamá? A ver, cómo se hacía. Muy bien, muy bien… pero mueve más la manita. Así, así. Vamos a decirle: ¡Ho-la! Mira, parece que ya podemos. Vamos a llamarla, así. ¿Escuchas? Eso es que está llamando; a ver, cómo suena: puuuuu puuuuu puuuuu. Muy bien. Puuuu puuuu puuuu. ¡Ya está!... ¿Hola? ¿Mamá? ¿Me oyes? ¿Mamá?
        -        ¿Oiga?
        -        ¡Mamá!
        -          ¡Ay, qué lío! ¿Luis? ¿Estás ahí?
        -          Sí, Mamá, te escucho.
        -          Yo no sé si lo estoy haciendo bien. Te siento muy lejos.
        -          Es que hay muy mala conexión. Es muy difícil que la red funcione aquí. Bueno, ¿cómo estáis?
        -          Aquí andamos, hijo, con mucho lío, como siempre. Tu padre quería hablar contigo, pero es que como hoy era domingo… ya sabes. ¿Me ves?
        -          No Mamá, le tienes que dar al botón de la camarita.
        -          ¡Ay, no sé! ¡Ah, sí! ¿Uno que hay justo encima?
        -          Creo que sí, cuando le das se enciende una luz.
        -          Sí, éste es. Ya está. Tú sales como parado, Luis. ¿Eso por qué es?
        -          Es que entre que la conexión es como es, y que el ordenador no va más allá… pues eso. Y bastante es que funciona hoy.
        -          Claro, es que en esos sitios tú me dirás... ¿Cómo estás?
        -          No me quejo, mamá. No estamos teniendo muchos sobresaltos, así que se puede decir que bien.
        -          Entonces ¿Ya lo estás pasando mejor?
        -          Hombre, tampoco es eso…
        -          Mira que son ganas de sufrir, hijo… y de hacernos de sufrir a nosotros.
        -          Pero Mamá, si a mí me tratan muy bien, estoy bien.
        -          Pero si te estabas quejando.
        -          No me quejo. Sólo te digo que una cosa es estar bien, y otra es pasarlo bien.
        -          Pues eso te digo. Que si estás sufriendo, pues vuélvete ya. Que yo no he traído hijos al mundo para que sufran.
        -          Pero que no es eso, que yo estoy bien aquí. Estoy donde quiero estar.
        -          ¿Qué es eso que se ve?
        -          ¿El qué?
        -          Algo que tienes cogido.
        -          ¡Ah! .Es alguien a quien te quería presentar. Se llama Masika. Ya te hablé de ella la otra vez. Es nuestra princesita aquí.
        -          ¿Vuestra princesita?
        -          Sí, porque la estamos cuidando entre todos. Cuando llegué sólo tenía 4 meses. La tenemos super mimada. Te dije que te la iba a presentar un día.
        -          ¡Ay, cariño, no me acordaba! Es que hablamos tan de cuando en cuando… que las cosas se me olvidan.
        -          Es normal… Bueno, ¿qué te parece? ¿La ves bien?
        -          Algo se ve. ¡Vaya pelos!
        -          Jajaja, ya, se lo tenemos que cortar pronto. ¿A que es guapa?
        -          Hombre, es que no se la ve muy bien… ¡Hola, pequeña! Pero… ¡no dice nada!
        -          Mamá, que no tiene ni un año. Mira, te está saludando con el bracito.
        -          Es que no se ve, hijo. Qué pena. Y… ¿cómo es eso de que la estáis cuidando entre todos?
        -          Nació aquí. Fue Sebas quien la sacó, mi compañero…
        -          Ah, sí, el panchito.
        -          Es mexicano, Mamá.
        -          Ay, es que ya sabes que me hago un lío con tantos países, y como todos hablan raro… ¿a que me has entendido cuando he dicho “panchito”?
        -          Sí, pero tienes que hablar con propiedad, mujer.
        -          Bueno, bueno, pero no te enfades… Sebas, entonces. Yo pensaba que allí los hombres no podían atender a las mujeres.
        -          ¿Por qué?
        -          Por la religión, qué se yo. Como son más atrasados…
        -          Mamá, un médico es un médico en todos lados. Y más aquí.
        -          Ya, ya… Entonces, ¿la cuidáis entre Sebas y tú? ¿Y su madre?
        -          Su madre tuvo depresión post parto. La aborreció.
        -          Pues vaya madre.
        -          La depresión post parto es algo muy habitual.
        -          Pues Gema tuvo de eso cuando nació tu amiga Cris, y la crió igual. Estaba triste, pero no dejó de criarla.
        -          Ya, Mamá, pero no puedes comparar lo de Cris con lo de esta mujer.
        -          Son madres, igualmente.
        -          La madre de Masika llegó aquí medio muerta, Mamá...
        -          Pobrecilla… Pero Luis, tú tienes que ayudarla a que se ponga contenta. Tiene suerte de haber sobrevivido y de tener a su niña. Tiene que quererla. ¿No le dices nada?
        -          En ello ando, Mamá. Pero no quiere hablar, mucho menos mirar a la niña…
        -          Pues vaya infancia va a tener la pobre.
        -          Mamá, ella no se da cuenta. Ni siquiera la reconoce como su madre… Además, que ya te he dicho que la tenemos como a una reina entre todos. Yo diría que es la que mejor se lo pasa aquí.
        -          Aun así, sin una madre…
        -          Pero es como si tuviese muchas madres, ¿no entiendes? Entre los médicos, las enfermeras… Es nuestro juguetito. Además, que como es tan salá, hay mujeres que la quieren mucho y siempre quieren estar con ella… La quieren como a una hija.
        -          Ya veo… ¿tú crees que será bueno para ésas? Digo, las que no pueden…
        -          Para muchas sí que es bueno, están viendo cómo una niña crece feliz, y dentro de lo que cabe, a salvo. Eso las reconforta, les da esperanzas. Pero hay otras, como su madre, que no la pueden ver… todavía les duele mucho.
        -          ¿Qué le pasó a su madre?
        -          Al parecer la tuvieron secuestrada más de dos años.
        -          ¿Los Mai-Mai, otra vez?
        -          Siempre son los Mai-Mai. Aquí sólo nos encargamos de eso.
        -          ¿Y estaba ella sola?
        -          La encontraros sola, sí. Se había escapado. Pero ya te digo, casi muerta. Le habían dado una paliza.
        -          ¿Y la niña?
        -          Estaba de cinco meses, pero no abortó. La niña nació bien.
        -          Menos mal… Ay que ver, con los Mai-Mai. Con el nombre tan gracioso que tienen y lo malos que son luego.
        -          Si yo te contara… aquí tenemos cada historia…
        -          Y tú las tienes que saber todas, ¿verdad?
        -          ¡Qué remedio! Ojalá llegue pronto alguien más, a veces acabo tan saturado…
        -          Pero Luis, irse tan lejos sin cobrar… es que normal que estéis tan pocos. Y si no va ningún otro… ¿tú no puedes volverte?
        -          Mamá, no voy a volver de momento. Aquí hay mucho por hacer, y ellas ya me empiezan a perder el miedo. Es ahora cuando puedo empezar a trabajar en condiciones.
        -          Eres demasiado bueno…
        -          No digas eso, mujer.
        -          Tú de vez en cuando acuérdate de mí, hijo. Que estoy siempre en vilo pensando en cómo estarás. Que eso está muy lejos y casi nunca hablamos…
        -          Qué más me gustaría a mí poder llamaros más. Pero entre que sólo tenemos un ordenador para todos… y la conexión…
        -          Ya, ya, la maldita conexión. Lo que te decía, hijo, que allí es todo un atraso. Si yo también lo pienso… Que a esa gente le ha venido Dios a ver con vosotros…         
        -          Tanto como Dios… No podemos hacer tanto…
        -          Y… ¿qué vais a hacer con la negrita? Porque digo yo que cuando crezca no podrá seguir así de mano en mano.
        -          Bueno, si la madre sigue sin quererla, una de las opciones es que siga con nosotros, como la hemos estado criando.
        -          Pero hijo, eso no es educación ni es nada…
        -          Es mucho mejor que cualquier cosa que le pueda suceder fuera, Mamá, que no te haces una idea de cómo son las cosas aquí. La otra opción es que alguien se la quiera llevar, si se va, claro…
        -          ¿Cómo es eso?
        -          Pues por ejemplo, si yo decido volver a casa, llevármela como mi hija… arreglar los papeles y que se venga conmigo.
        -          ¿Pero tú harías eso?
        -          ¿Por qué no?
        -          Hijo, no sabes lo que dices. Si es que  eres demasiado bueno, siempre te lo he dicho. Y te meten pájaros en la cabeza y tú tan contento. Si vuelves a casa con la negrita no vas a tener más que complicaciones.
        -          ¿A qué te refieres?
        -          Pues que criar a un hijo no es moco de pavo, hijo. Y además de otro país, que le tendrás que enseñar todo, se tendrá que adaptar. Y tú mientras buscando trabajo aquí, que las cosas están muy mal; y mantener a un niño cuesta mucho dinero. Y además, que con una niña, y encima adoptada, vas a tener más problemas para encontrar una mujer que… Porque… ¿no te habrás enamorado ahí? ¿Verdad, Luis?
        -          No Mamá, no me he enamorado de nadie.
        -          ¿Seguro? En ese sitio hay muchas mujeres, y todas solas. Y con lo bueno que tú eres y lo bien que las tienes que tratar… Seguro que más de una te quiere pescar, hijo.
        -          Mamá, las mujeres de aquí no pueden enamorarse.
        -          ¡Anda! Y ¿por qué no?
        -          Porque han matado a sus maridos, Mamá, y a sus hijos, y las han violado, las han convertido en esclavas, las han mutilado… y bastante conseguimos con que lleguen a quererse algo a sí mimas si sobreviven a esto.
       -          Luis, hijo, no me cuentes esto así, que sufro mucho; no te enfades conmigo… si yo las cosas te las digo porque te quiero…
       -          Ya, Mamá… En fin, cuéntame qué tal por allí, que no me has dicho nada. ¿Hay alguna novedad?
       -          Pues no sé… Ya te he dicho, como siempre, con mucho lío. Rita ha vuelto a suspender biología, no sé qué vamos a hacer con ella.
       -          Todavía le queda septiembre ¿no?
       -          Sí, menos mal. ¿Te acuerdas lo bien que se te daba la biología, hijo? Hubieras llegado a médico si hubieses querido. Todo lo hacías bien.
       -          Hombre, lo mío no está tan mal ¿no? Algo de médico tengo.
       -          Claro, claro… ¡y lo bien que escuchas! Eso también ayuda a curarse, y no lo hacen muchos médicos… ¡Ah, bueno! Y tu padre está muy preocupado.
       -          ¿Qué le pasa?
       -          Pues que ha habido unos atentados en una maratón de Boston, se murieron tres, creo. ¡Una desgracia! ¡Pobrecillos! Y ahora se rumorea que la Botella quizá cancele la de Madrid; y, claro, tu padre lleva un disgusto encima...
       -          Vaya, con lo que estaba entrenando...
       -          A mí me da una pena enorme, hijo. Esa gente que su ilusión era correr, que eso no le hace daño a nadie, y van y les matan. Una pena, hijo, a mí esas cosas me dejan destrozada, de verdad… Aquí lo estamos sintiendo mucho, ¡y eso que América está lejos! Pero que no se me quitan de la cabeza las pobres familias, lo que deben estar sufriendo… ¿Hijo?... ¿Estás ahí?... ¿Me oyes?... ¡Vaya por Dios, ya se ha cortado otra vez…!

Cuando la realidad supera la ficción, no hay final sorprendente que la salve.

 Blanca León González



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