domingo, 28 de abril de 2013

ESPACIO de Juan Ramón Jiménez · Reportaje de Juan Carlos Ortega

Leí Platero y yo cuando tenía 10 años. Me gustó mucho, y supongo que cuando lo vuelva a leer me gustará mucho más.
Respecto al resto de la producción juanramoniana, poco más puedo decir.
Algún que otro poema obligatorio para la selectividad.
Memorización de sus poemarios para algún examen.
Pocos versos que me llegaron de verdad,
seguramente por la poca atención que le he prestado siempre.
Y es que he de confesar que, por norma general, la poesía de Juan Ramón Jiménez me ha dado, por así decirlo, un poco de grima.
Hasta hace unas semanas. Cuando leí Espacio.

Desde entonces sólo puedo asociarlo con una palabra: Magia.


Las flores nos rodean de voluptuosidad, olor, color y forma sensual; nos rodeamos de ellas, que son sexos de colores, de formas, de olores diferentes; enviamos un sexo en una flor, delicado presente de oro de ideal, a un amor virjen, a un amor probado; sexo rojo a un glorioso; sexos blancos a una novicia; sexos violetas a la yacente. Y el idioma, ¡qué confusión!, qué cosas nos decimos sin saber lo que nos decimos. Amor, amor, amor (lo cantó Yeats), “amor en el lugar del escremento”. ¿Asco de nuestro ser, nuestro principio y nuestro fin; asco de aquello que más nos vive y más nos muere? ¿Qué es, entonces, la suma que no resta; dónde está, matemático celeste, la suma que es el todo y que no acaba? Hermoso es no tener lo que se tiene, nada de lo que es fin para nosotros, es fin, pues que se vuelve contra nosotros, y el verdadero fin nunca se nos vuelve. Aquel chopo de luz me lo decía, en Madrid, contra el aire turquesa del otoño: “Termínate en ti mismo como yo”.
(Fragmento primero)


Me gustaría decir muchas cosas, pero no creo que fuese capaz de conseguir que pareciesen inteligentes.
De modo que le dejo la palabra a gente más sabia.
He aquí un excelente minidocumental del maestro Juan Carlos Ortega sobre el poema.


lunes, 22 de abril de 2013

Get down, get down... (practicando el diálogo y queriendo cada vez más a Quentin)



   -        Esto sí que es un temazo, ¡sube el volumen, anda!

   -        Y ¿para qué has metido esto en un Cd de Tarantino?

   -        Porque es de la banda sonora de Pulp Fiction.

   -       ¿Qué va a ser de…? Me acordaría si saliese, es de mis pelis preferidas.

   -        Joder, pues suena en la escena de la Rolaye con queso.

   -        ¿La qué?

   -       ¿En serio Pulp Fiction es de tus preferidas?

   -       Sí.

   -      ¿Y no te acuerdas de la escena de la royale con queso?

   -      No me suena, joder, refréscame la memoria y ya está…

  -      A ver. Justo al principio, después de los créditos, van Travolta y Samuel L. Jackson en el coche. Y se ponen a hablar de las diferencias entre Estados Unidos y Europa. ¿Me sigues?

   -      Creo que sí…

   -      Bueno, pues Vincent habla de los petardos de Amsterdam, y que allí se puede beber cerveza en el cine. Luego dice que en Francia también te ponen cerveza en McDonnals, y que allí, al cuarto de libra con queso lo llaman “Le royale con queso”. ¿Ya lo coges?

   -       No me acuerdo…

   -       Joder, es que no te enteras. Anda, baja la ventanilla a ver si te espabilas con el aire.

   -      A ver, tampoco habrá que ponerse así por una película.

   -      Si es que no cambias. No digas que te gusta tanto Pulp Fiction cuando no te acuerdas de nada de la película.

   -     Si es una mierda de escena…

   -     ¡Es una escena mítica! Bueno, que ya está, que no te enteras de la misa la mitad. No pasa nada.

   -     No te pongas así…

   -     Si es la verdad. No prestas atención a las cosas. ¡Hijo puta! Casi nos da… Perdón. Eso, que no te fijas, y así te va luego.

   -     Es que te ven la L y ya te putean… ¿Qué quieres decir con que así me va?

   -     Pues que estás en babia, que no te enteras de las cosas. Pero bueno, que ya me acostumbré hace mucho.

   -     Me pondré la peli esta tarde para recordarla.

   -     Sí, sí, tú ponte la peli…

   -    ¿Te vienes?

   -     Ya me la sé de memoria.

   -     Bueno, así me explicas cosas. Sabes que me encanta que me cuentes mientras vemos la tele.

   -     Te las apañarás sin mí… Creo que iré a un concurso de twist.

   -     ¿Qué?

   -     ¡Ay! Si es que no las pillas… Tú ve Pulp Fiction, anda.

   -      Pero ven, puede que esta tarde se quede la casa sola...

   -      Que ya la he visto muchas veces. Y quiero quedar con gente de clase. Bueno, bájate que estoy en doble fila.

   -      Podemos ver otra, o hacer lo que quieras. Desde que empezamos la uni no nos hemos quedado solos en casa. Venga ¡enrróllate!


   -      No insistas, que tengo otros planes. Y baja ya, que ése se va a subir al coche.

   -      Bueno… Si cambias de idea, ya sabes. Y si no, llámame tú cuando acabes, que siempre te estoy llamando yo…

   -      Vale, pero date prisa.

   -      Adiós. – Le planta un beso en la mejilla y comienza a salir del coche- Y llámame ¿eh? – Cierra la puerta, se acerca a la ventanilla- Oye, ¿cómo se llamaba la canción?

Pero el coche ya ha arrancado.

Blanca León González 




lunes, 8 de abril de 2013

Las aves migratorias siempre encuentran el camino de regreso


El invierno acababa y, con él, la tristeza de la muerte. El viejo ya no estaba, pero parecía que todo volvía a retomar su cauce. Tuvo suerte: su hijo –el mayor- decidió instalarse en su casa con toda su familia, no como otros que se la venden a cualquiera para edificar pisos de treinta metros. La casa, oh sí, esa casa volvería a llenarse de ruidos matutinos, de tertulias al calor del brasero, de riñas infantiles y de alguna que otra juerga en el verano. Todo volvía a retomar su cauce. Una mujer volvía a tomar las riendas del hogar y del jardín. Llegaba la primavera y, con ella, las flores. Sin embargo, no todo sería exactamente igual. Esa primavera, las golondrinas que durante tantos años habían regresado al garaje del viejo, vieron cerradas las puertas a sus legítimos nidos.

***

-            Seguro que estaría muy contento. Lo sé yo. Tantos años como tiene esa casa. Es lo mejor que habéis podido hacer, sí.

-           Pero los primeros meses fueron muy duros. Tú figúrate. Todos los recuerdos, las fotos… Y, que Dios me perdone, ¡la de trastos que había en todas partes! No te imaginas qué palizones nos hemos pegado, sobre todo yo, claro, porque Rubén trabaja.

-          Ya mujer, pero estas cosas son así. Pero tú escúchame, que habéis hecho muy bien. Tanto por él como por vosotros, que estas casas nuevas que hay ahora ya no son como las de antes.

-           Si ya lo sé. Pero una casa antigua también tiene mucho jaleo. Y mira que el viejo, que en paz descanse, la cuidó siempre muy bien. Pero ya llevamos varias reformas. Sin ir más lejos, el otro día tapamos un trozo de cristal que le faltaba a la puerta del garaje. Y justo a tiempo, porque con la primavera eso se llenaba de pájaros y dejaban los coches llenos de porquería…

***

(Luz crepuscular. Patio particular de una vivienda. Una pequeña fuente a la izquierda. Se escucha el sonido de su agua. Detrás de la fuente, varias flores que empiezan a brotar. Un almendro en flor. A la derecha,  puerta de garaje, grande, de metal (posiblemente blanco), que enmarca dos columnas de ventanucos traslúcidos. Suena la pastoral de Beethoven. Llega GOLONDRINA 1. Ésta, como también GOLONDRINA 2, estará interpretada por una bailarina de ballet).

GOLONDRINA 1: (Da un par de vueltas alrededor del escenario. Se detiene en la fuente a beber y se posa en ella.)

(Llega GOLONDRINA 2).

GOLONDRINA 2: (Misma acción que GOLONDRINA 1. Cuando termina de beber, mira a su compañera y mueve la cabeza, contenta. Comienza a danzar por la escena, a modo de cortejo, intentando captar la atención de GOLONDRINA 1. Terminada la danza, se acerca a ella, y la invita a bailar. GOLONDRINA 1 acepta).

(GOLONDRINA 1 y GOLONDRINA 2 comienzan a bailar. Terminan abrazándose).

GOLONDRINA 2: (Señala la puerta del garaje y se aproxima a uno de los ventanucos con intención de entrar por él. Lo encuentra cerrado. Comienza a tantear el resto de ventanucos).

(La música ha ido modulando a menor).

GOLONDRINA 1: (Extrañada, imita a su compañera y tantea, cada vez con más angustia, cada uno de los ventanucos con la esperanza de que uno se abra. Desolada y rendida, vuelve a la fuente y llora).

GOLONDRINA 2: (Desistiendo también, bebe de la fuente e intenta consolar a GOLONDRINA 1. Ambas abandonan, con un vuelo bajo, el escenario).

(Desciende, progresivamente, el volumen de la música. Fundido en negro. Cae el telón con un cartel que reza: La primavera, que a veces no llega).

Blanca León González


Cuando estaba a punto de cumplir los seis años, mi abuela materna tuvo un derrame cerebral. Desde entonces,  y hasta su muerte (seis años después) no pudo volver a hablar.  Era duro ver cómo quería expresarse y muy pocas veces la entendían. Lo que no se me olvidará nunca era lo mucho que le gustaba salir al patio en primavera y ver cómo las golondrinas revoloteaban alrededor de sus nidos. 
Han pasado varias primaveras desde que nos dejó.
Las golondrinas tampoco han regresado.
Quizá es que alguien no les permitió regresar.

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